martes, 31 de julio de 2012

Primeras páginas.


Aquellos otoños de rebelión.

La habitación se achicaba con cada pensamiento que surgía en la soledad de la noche. Aquellos fantasmas que merodeaban en cada recoveco convocando a miles de pensamientos, de miedos,  de ansiedad,  sin resistencia alguna alzaban sus voces al son de la victoria.
-¿Acaso no volveré a verla jamás? ¿Será que la quiero, o peor aún que la amo?
Preguntas infinitas se avallaban al joven que quedaba desnudo ante la perplejidad de no poder dar respuesta a sus incertidumbres. ¿Acaso tenían respuesta alguna?
Caminaba incesantemente como un animal enjaulado, buscando algún lugar donde esconderse, donde refugiarse y encontrar paz. Aquella paz que hoy sentía tan ajena. “El amor no es dulce como lo venden, el amor es un acto de crueldad hacia uno mismo” pensaba una y otra vez. En los momentos en que se exaltaba hablaba en voz baja, casi inentendible. Repetía frases, insultos destinados a sus miles de fantasmas.
Sin tomarse siquiera un minuto para decidir, tomo las llaves y abrió la puerta sin tomarse, aunque sea, el tiempo de cerrarla. ¿Le importaba acaso lo que pudiera sucederle a sus cosas? Solo tenía un colchón con un par de sabanas viejas, una almohada que daba lastima, un par de libros de temáticas diversas ya que si bien gustaba mucho de leer, lo económico le impedía acceder a los mismos. Se ingeniaba miles de maneras para obtener aquello que deseaba en ese momento, por ejemplo; si necesitaba un libro iba a la biblioteca del barrio o a la nacional con la esperanza de encontrarlo allí. Si esto no resultaba preguntaba si alguien lo tenía, si se lo podía prestar o canjear por algún otro libro que el tuviera. Muchas veces brindaba sus servicios como profesor, sabía de todo pero jamas se jactaba de erudito ya que siempre decía que al lado de todo erudito siempre se encontraba un pelotudo y viceversa.  En los momentos de mayor desesperación su impulso lo llevaba a robarse el libro enfrente de la cara del vendedor. Logrando de esta manera  maratónicas corridas, con las cuales hacía ejercicio que nunca viene mal, y aumentar su grado de excitación lo cual le aumentaba su deseo por dicho objeto.
“Siempre busco lo difícil, me destaco en romper paredes con la cabeza. Si fuera fácil para que intentarlo.” Esta frase la repetía en toda reunión social, jactándose de su ingenio. Un ingenio que ni el creía. Una arrogancia que ocultaba la miseria de una vida mal vivida.
Caminaba y caminaba, aumentando cada vez mas la velocidad hasta que empezó a correr intentando huir de sus fantasmas. Sin embargo, sabía que era inútil. Era presa de sus propias miserias.
Se detuvo en una esquina, miraba a la nada con un temor irracional a caer en el vacío. Aunque el sentía que ya había penetrado en el oscuro mundo del amor, dejándose caer al vacío, a la nada misma. “¿Por qué la tuve que conocer?” se preguntaba agarrándose la cabeza buscando alguna protección a aquellos males que le aquejaban. Su preguntaba apuntaba a un deber, tuve que… se empeñaba estúpidamente a no aceptar lo que sentía por mas fuerte que se hiciese sentir.
De pronto, la calma se hizo presente. Lo tomo por sorpresa. En aquel momento su cuerpo se desvanecía en el aire, ya no sentía nada. Una idea lo ilumino, o quizá lo encegueció pero esa idea le alcanzo para estar en paz.
Se acercó a la primer plaza que encontró sentándose en el primer banco que vió.
“La voy a ir a visitar…” Se dijo a si mismo.
Un silencio atroz se apodero del mundo, todo a su alrededor era superfluo e efímero. Nada le importaba salvo esa idea. Ir a visitarla.
Se levantó del asiento con una tranquilidad que lleva a dudar a cualquiera que aquel hombre hubiese estado en el estado anterior.
Dificil calcular la cantidad de horas que caminó, pero al llegar a la puerta de la casa se detuvo. La contempló unos minutos. Sudaba como si hubiese estado corriendo por horas. 
“No tengo palabras que decirle” pensó y sin titubear tocó el timbre una vez. Un timbrazo corto pero seguro.
Ella del otro lado con los ojos llenos rojos e hinchados estaba segura que era él. “Lo siento en el aire” se dijo para si misma. Y abrió la puerta. Sus miradas se encontraron, parecía que se conocían de toda la vida. Un fuego ardía en sus almas, una sensación inexplicable recorría sus cuerpos.
-Te prometo que este abrazo durará para siempre... que el tiempo es nuestro, que se lo puede burlar. No me crees?
-No, pero no me importa. Quiero que me abraces.

Hay momentos en que los actos cotidianos, se vuelven el mayor homenaje a la vida. Y en esas noches, días, amaneceres o quizá, porque no, atardeceres en que esperamos que algo "grande" suceda, o peor aún, cuando no esperamos que nada suceda, un simple hecho, pequeño, que escapa a nuestra mirada, a nuestro sentir día tras día... se nos marca a fuego en nuestros cuerpos, ilumina nuestras almas. Y ni la estrella fugaz en aquellas noches frente al mar puede igualar tan irrepetible sentir.

Y el abrazo duró segundos, minutos, horas, días, semanas, meses, años... siglos... en realidad no importaba. A ninguno le importaba. Ese abrazo era la culminación de un todo, de aquellas palabras mudas... de lo que no se dice, ni se debe decir. No importó cuanto duró ese abrazo, sino que el abrazo era un abrazo y lo estaban sintiendo.

lunes, 23 de julio de 2012


De aquel barrio donde creci, nada queda ya mas que un murmullo
En la canchita frente al lago, supe lo que perder con corazón no era perder
Que será de mi primer amor? Que será de aquel beso indeciso?
Me miro en el espejo y no me encuentr, aquel chico en algún lado debe andar

Caminando, caminante el camino se perdió, solo sombras quedaron
Con la pulpo que en la  plaza, que una tarde otros pibes nos robaron
Jugábamos horas eternas y hoy soñamos eternamente con jugar
Risas que nunca se olvidan, la muerte debe ser no reir mas


Aquellas tardes de sol, la merienda en la mesa y miradas complices
Algún quilombo por venir, alguna anecdota por contar
Que será de aquellos chicos y del quiosquero de la plaza?
Todo cambió cuando el mundo cambió, cuando el encierro apareció

jueves, 28 de junio de 2012

De palabras abyectas


-“No te quiero ver más”-decía llorosamente la muchacha
-“Yo tampoco…”-decía aún menos convencido el pibe.
Con tan certeras palabras, fulminaron sus propios deseos. Con esas crueles palabras, solo se anudaron tristes recuerdos que no dejan rastros.

                                                 ...

No quiero ser como ellos dos, quiero ser viento, quiero ser vuelo, quiero ser lo mas profundo de mi
No quiero ser un par de palabras que determinan la vida, quiero ser la vida como vida misma.
No quiero ser un rencor, quiero ser una sonrisa, una lagrima, un beso de re encuentro
No quiero ser un adiós, quiero ser un hasta luego, nos vemos mas tarde
No quiero ser un anochecer, quiero ser un amanecer... a tu lado
No quiero ser un loco cualquiera, quiero ser el loco que enloquece de amor, de vida
No quiero ser un hombre cualquiera, quiero ser aquel que no se dobla y que camina de frente
No quiero ser fugacidad, quiero ser eternidad, quiero ser el alba
No quiero ser un milagro, quiero ser realidad, quiero ser felicidad

martes, 26 de junio de 2012


Te escucho llorar, tu voz quebrada y yo sin entender.
De a poco el tiempo se precipita, el aire se trasmuda y aca estamos
Otra vez, la misma historia, en el mismo lugar
Pero tan distinta, tan única como cada vez

Se ahoga el silencio, de a poco esos cuerpos se encuentran
Besos que recorren cada parte del uno y del otro
Dedos que se deslizan sobre la piel
Y el aire denso, aquel aroma inconfundible y apenas alguna vocal

Pero al amanecer, todo volverá a ser igual
La cama desecha, el aire viciado, los cuerpos cansados
Al amanecer, todo volverá a ser igual
Todo volverá a su lugar

Y quien sabra, tan solo aquel dios de la duda
Del azar, que permitirá que esos dos cuerpos
Se transformen, se confundan y ya no sean cuerpos
Sean placer, placer que como el ave despega sus alas
Un rato antes de empezar a armar su bolso, se quedo admirando aquellas fotos de su viejo amor. "Como es posible que  estas fotos me generen tanto odio, tanto rencor... si tiempo atras las miraba y sonreía con todas las ganas del mundo de volver a estar allí, junto a él sin poder esperar ni un segundo a que se vuelva a repetir"- pensó.
Luego, sin mas vueltas, cerró el álbum y lo preparó para tirarlo a la basura. Para enterrar esos momentos, para no tener que cruzarse nunca mas con esa imagen que tanta tristeza le hacia sentir. Pero a pesar de haberlo decidido, el deshacerse del álbum tan cargado de emociones, no podía dejar de pensar como es que había terminado todo así. Se culpaba, lo culpaba, se culpaba para luego volverlo a culpar nuevamente... así, ciclicamente, iban encadenándose sus pensamientos. Hasta que por fin, decidió empezar la tediosa tarea de armar la mochila ¿Tediosa tarea para tan tedioso viaje?
Al día siguiente, la fría y oscura madrugada la esperaba con los brazos abiertos dispuesta a acurrucarla hasta que el amanecer decidiera aparecer. 
Saludó a sus dos amigas con las cuales viajaría, siempre dejando un margen de duda mas allá de solo faltar una hora o menos para que dicha odisea comenzara. 
-"¿Qué carajo hago acá?"- Se preguntó, muy disgustada con ella misma. No tenía ganas de viajar, no tenía ganas de ver a aquellas dos personas que decían ser sus amigas, de las cuales no sabía nada mas que era lo que les gustaba beber a la noche, sus intimidades en la cama con sus fugaces "amores" y sus trabajos.
Nunca un comentario, nunca unas palabras más allá de lo cotidiano. Se sentía sola, triste y quería llorar. Quería salir corriendo, escaparse de todo. ¿Acaso no era eso lo que estaba haciendo?
Finalmente, el colectivo que los llevaría a su destino llego. Solo quedaba que guardara su bolso, que le cortaran el pasaje, que se subiera al mismo y que se sentara en el lugar previamente estipulado.
Todo tan reiterativo, aburrido, tedioso, molesto. No lograba encontrarle ni un adjetivo que fuese agradable. No lograba ver la otra cara de la moneda. Para ella la primavera era fría, el atardecer y el amanecer le generaban una apatía inmensa. 
Cuando se sentó revisó que todo lo que llevaba en los bolsillos todavía estuviese ahí. Sin ningún interés, abrió el libro que había decidido llevar al viaje, y en su interior encontró una flor... marchita, seca. 
"Solo florecen para marchitar... que triste..."- pensó.
Durante el viaje, recorrieron diversos pueblos, admiraron paisajes indescriptibles. Hasta que una noche, decidió salir a caminar sola a la costa. Siempre el sonido del mar la calmaba. Caminaba muy rápidamente, hasta que sin darse cuenta empezó a subir una colina. Al llegar se encontró con un mirador, donde se se encontraba un banco de madera para sentarse. 
Su mirada, vacía, al horizonte de perturbó. Sus ojos se humedecieron y se quebró en llanto. 
Pasada una media hora, se inclinó nuevamente para secarse las lagrimas... y sonrió. 
Estuvo unos minutos más sentada admirando el paisaje, por primera vez desde que había empezado el viaje sonreía y podía realmente admirar un paisaje. 
Antes de retornar su caminata de vuelta, acaricio con sus dedos un extremo de la banqueta donde decía "Aunque ya no estemos juntos, nunca olvides sonreír y recordar este momento como lo vivimos. Nunca te olvidaré"
Y así fue, ese mensaje que él había escrito para ella esa misma noche en que habían subido juntos a aquel mirador le devolvió la sonrisa. Después de todo, él se acordó de ella. Se acordó que ella volvería a ir a ese mismo lugar para poder dejarlo atrás y poder avanzar.